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Ciudades y lugares de San Barth

Gustavia

Gustavia San Bartolomé

Dispuesta en herradura de caballo en torno a una bahía con forma de canal protegida y vigilada por cuatro fuertes hoy en ruinas, Gustavia muestra claramente la vocación portuaria que fue la razón histórica de su existencia. Llamada Puerto Carenage en los primeros tiempos de la colonización, rebautizada por los suecos en honor a su rey Gustavo III en 1785, Gustavia fue siempre un centro de abastecimiento y de intercambios comerciales en un marco de cierta neutralidad. Así, durante las guerras coloniales que desgarraron el caribe durante el siglo XVIII, un capitán podía venir a vender su botín y reaprovisionar su navío al mismo tiempo. Dispuestos en torno a un puerto que arbolaba todos los pabellones posibles, los almacenes desbordaban de mercancías en una ciudad prospera de cerca de 5000 habitantes.

Gustavia San Bartolomé

Si hoy en día no cuenta que con 3100 habitantes (censo del 2005), Gustavia continúa viviendo de cara a su puerto y conserva una tradición de negocios heredada de su pasado. Ciertamente, hi-fi y productos de lujo han remplazado armas y víveres en los almacenes, loa goletas cargadas de ganado en tránsito hacia La Martinica han dejado su lugar a veleros deportivos y a yates. A pesar de esta fortuna, Gustavia ha sabido conservar su encanto de tiempos pasados y su simplicidad, los San Barths, inquietos por su patrimonio como por sus intereses, comprendieron rápidamente que lo auténtico podía ser el colmo del lujo.

Gustavia San Bartolomé

Gustavia San Bartolomé

Gustavia San Bartolomé

Desde entonces, da gusto pasear por la ciudad entre los escaparates de lujo e joyeros o grandes costureros, las fachadas blancas de las antiguas casa de madera, todavía frescas, y las elegantes mansiones coloniales abrigando las principales administraciones (el edificio de la Colectividad, la gendarmería, el juzgado). Es agradable también posarse en la terraza de los cafés de moda a la búsqueda de un VIP de paseo, o pasear a lo largo de los muelles bajo el ojo burlón de los pelícanos, maravillado como un chiquillo ante la insolente belleza de los juguetes de los millonarios amarrados aquí en cantidad. Del otro lado de la bahía, opuesto a la calle del Borde de mar donde se concentra la actividad turística, le zona de los almacenes sigue todavía limitada por el Wall House, testimonio de los antiguos muelles abriga un museo (el único de la isla junto con el de las Conchas de Corossol) dedicado a la historia y a la cultura de Saint-Barthelemy.

Gustavia San Bartolomé

Gustavia San Bartolomé

El encanto de esta pequeña capital-pueblo debe mucho a su hábitat, que recuerda por pequeños toques la presencia sueca: una encantadora iglesia anglicana con el campanario de madera por aquí, algunas casas de estilo holandés por allá, siempre adornadas de color vivos, reconocibles por su revestimiento en maderas horizontales, así como a sus ventanas en guillotina.

Gustavia San Bartolomé

En los alrededores de la villa, no hay que perderse el camino bordeado de cactus que, saliendo de la carretera del aeropuerto, conduce al Fuerte Gustave. Construido en 1787 por los Suecos, se sitúa en la cima de un monte escarpado. En medio de sus ruinas conmovedoras (muros, garita, polvorín, horno de pan, etc), nos descubriremos sonando con barcos piratas desde el mirador que domina la bahía. A algunos cables del puerto y accesible en algunos minutos por carretera por el monte de Lurin, la bahía de Gouverneur ofrecerá a los amantes de la naturaleza salvaje una de las playas mas bellas de la isla, mas aislada y mas tranquila que Shell beach, la playa mas cercana al centro de la ciudad.

Gustavia San Bartolomé

Saint-Jean

Esta bahía estaba protegida antiguamente de los corsarios por una batería de cañones instalada en su centro. Desde principios de los anos 50, es el hotel Edén Rock, el primero de la isla, que se sitúa en su lugar. Construido por Remy de Haenen, un aventurero y un pionero de la aviación en el Caribe, elegido alcalde entre 1962 y 1977, este hotel, frecuentado por el señor Rockefeller contribuyo sin ninguna duda a promocionar la isla de cara a la clientela americana.

Saint-Jean no es solamente un lugar de paso, puesto que este barrio de la isla alberga, además de sus conocidos comercios, magnificas villas, hoteles y grandes restaurantes. A la entrada de la pista de aterrizaje del aeropuerto Gustave III se encuentra una playa muy linda. La parte de la playa que prolonga la pista de aterrizaje está totalmente probidad de acceso al público.

En las partes altas, Hotels de lujo, hermosas villas escondidas entre las plantas, una impresión de limpieza florida. De Saint Jean, se puede, o volver a Gustavia o dirigirse hacia Lorient por la agradable carretera costera que ofrece bellísimas vistas.


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