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Ecología

Antes de que la ecología se convirtiera en una cuestión primordial del siglo XXI, San Barth ya había puesto en marcha una gestión de la isla integrando la conservación del medioambiente. Creación de una reserva marina, selección de los residuos domésticos antes de la incineración, cisternas bajo las casas para recuperar el agua de lluvia, ayudas para la instalación y utilización de energías renovables, conservación de la salina, gestos considerados como precursores para proteger los ecosistemas de la isla.

Los San-Barths no han olvidado nunca su pasado y se acuerdan siempre de la vida “en los tiempos de antes”, cuando la isla nos de había convertido todavía en un destino turístico de lujo. En aquella época llevaban una vida simple, comiendo el pescado que pescaban, las verduras y los frutos que cultivaban, recogiendo la sal de la salina, intercambiando con los vecinos y comprando en Gustavia los productos de primera necesidad llegados por barco de Guadalupe. Aunque esta vida pertenezca al pasado, la población ha seguido próxima de la naturaleza, firmemente decididita a proteger el ecosistema de su isla. Pasatiempo favorito de un gran numero de habitantes, la pesca, practicada de forma artesanal incluso por los pescadores profesionales, permite comer atún rojo, dorada y wahoo salvajes al mismo tiempo que participan a la conservación las especies.

Creada en octubre de 1996, la reserva natural de San Barth ha permitido la creación de zonas submarinas protegidas alrededor de la isla. La pesca, la recogida de organismos vivos o muertos, sobre el borde o en el fondo del mar están prohibidos en toda la reserva. La pesca profesional está estrictamente reglamentada y sometida a autorización previa. Dos zonas de protección reforzada (Petite Anse y entre Marigot et Petit Cul-de-Sac) donde está estrictamente prohibido pescar, amarrar y bucear con escafandra autónoma, han sido creadas a fin de preservar los lugares de reproducción y de crecimiento. La pesca a la línea está autorizada en las zonas de protección simple a partir de un barco que no puede estar anclado. La práctica del ski náutico y el amarre están prohibidos, y, por excepción, el amarre esta autorizado en las zonas previstas a este efecto. Se han dispuesto boyas de amarre en las bahías de Fourchue, Colombier y Petit Cul-de-Sac, los barcos están invitados a amarrarse a ellas con el fin de evitar el deterioro de los fondos marinos. En los lugares protegidos, ciertos amarres han sido igualmente instalados, a los que se pueden arrimar los navíos profesionales que están al día en el pago sus cuotas.

Primera isla del Caribe a haber instalado una clasificación selectiva de los residuos domésticos desde 1998, San Barth quema sus residuos en un horno de combustión moderno adaptado a las normas europeas. El calor producido es recuperado para contribuir al proceso de desalinización del agua del mar, una técnica moderna única en las Antillas. Ningún residuo es lanzado al agua, todos los que no se incineran, se almacenan y después se envían por barco a Europa para ser tratados y reciclados en centros especializados. Otra decisión verde de la Colectividad, el voto en Consejo Territorial para equipar todo el alumbrado publico con bombillas de bajo consumo. Y por fin, los políticos locales han adoptado igualmente la creación de una ayuda financiera para la instalación de calentadores solares y de paneles fotovoltaicos para animar a los particulares a utilizar procesos técnicos que inducen a la economía de energía.

Reserva marina de San Barth

San Barth protege sus recursos marinos. El decreto de la Reserva Natural Marina fue firmado por el Primer Ministro de Francia así como por el Ministro del Medioambiente el 10 de octubre de 1996, para formar parte de la Reserva Marina de San Barth, la 132 reserva natural de Francia.


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